refrigeración radiante

En verano buscamos lo que en invierno queremos evitar: paredes frescas que nos alivien el calor corporal. Nos gusta estar en casas antiguas de gruesas paredes, en una bodega semienterrada, al ser posible en un frondoso bosque … porqué? El suelo o un muro grueso son grandes masas térmicas que conservan su temperatura templada que en verano suele ser más baja que la temperatura ambiental.

Impulsando agua fresca en las superficies radiantes podemos crear esta sensación de frescor en interiores sin tener que aguantar corrientes de aire frío que son poco confortables y saludables.

En una parte del país, sobretodo en la costa, la demanda de frío a lo largo del año sobrepasa la de la calefacción y es necesario hacer previsiones.

calor y frío confortable con el mismo sistema

Lo que vale para tener un buen clima interior en invierno también sirve para el verano: aislar correctamente y cubrir la demanda imprescindible. Las paredes radiantes – al igual que los techos y en menor medidas los suelos radiantes – pueden funcionar todo el año y rentabilizar doblemente la inversión inicial.

mejor en pared y techo

Por los motivos de confort es mejor tener nuestra superficie corporal expuesta a una superficie fresca lateral. Si no disponemos de metros cuadrados suficientes podemos completar la pared con un techo radiante. Como usamos los mismos paneles, el rendimiento es igual de alto (y mayor que en el suelo). Además, la convección residual de superficies horizontales en este caso es favorable: baja el aire fresco del techo hacía la zona de confort.

Hay que tener en cuenta dos aspectos importantes: Necesitaremos más superficie para refrescar que para calentar porque el salto térmico – la diferencia entre la temperatura de la pared y del ambiente interior – es menor.

Evitamos la entrada de agua muy fría a nuestra instalación por un gasto energético excesivo (él de una bomba de calor), por garantizar el confort y porque tenemos que evitar condensaciones en sitios que no nos convienen. Por tanto hace falta controlar la humedad relativa del interior.

La humedad en el aire interior no se mantiene constante porque respiramos, cocinamos, lavamos y nos duchamos. Si ventilamos en horas calurosas entra el aire caliente y húmedo y al enfriarse se vuelve más húmedo todavía. Así que para asegurarnos un saludable 40…60% habrá que hacer un cálculo y si fuera necesario bajar la humedad con los dispositivos previstos. Si es así y como será la solución, nos dirán los ingenieros que encargados de determinar la demanda de calor y frío.